15 mar. 2016

Semana Santa, un tiempo para reflexionar

Las distintas manifestaciones religiosas alrededor del mundo, tienen sus tiempos fuertes consagrados a la contemplación, la meditación y el culto de una manera más intensa, y al interior del cristianismo católico, este tipo de situaciones también se presentan.

En la  Semana Santa, momento cúlmen del tiempo de Cuaresma, se conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, mediante la celebración de diferentes ritos que tiene como fin invitar al cristiano a reflexionar acerca de su propia experiencia de vida, teniendo de presente el ejemplo de Jesús, obediente hasta el fín, a la voluntad del Padre Dios y la manera en que esta vida es ejemplo debido en obras y acciones en favor de la hermandad humana, ya que la invitación de Dios tiene tintes universales y no solo de pertenencia a X ó Y grupo religioso.

Sin embargo las cosas han cambiado demasiado a lo largo de los años. El comercio ha vuelto el tiempo de Semana Santa una oportunidad de lucro, ante la cual muchos ceden. No es de extrañar ver anuncios que dicen "Semana Santa con todo", paquetes turísticos pensados más para el disfrute y el deleite que para la contemplación y la reflexión.

Otra costumbre muy arraigada en nuestro país es ir a lugares de peregrinación distintos a los habituales de residencia, en actitud de penitencia o en acción de gracias por los favores recibidos, y para celebrar esta Semana Mayor. Lo cierto del caso es que muchas de las actitudes de los creyentes dan cuenta de un sentido fervoroso que, se quiera o no, se intensifica durante estos días, pero que debieran ser permanentes dentro de una vida cristiana que se debe asumir con compromiso, entrega y dedicación.

En muchos sentidos, practicar el cristianismo, sea cual sea su denominación, no siempre resulta fácil, dada nuestra propia condición humana, frágil por naturaleza, pero que cuando se asume y se confía en la Ayuda del Creador y Dador de vida, cambia sustancialmente, y las enseñanzas de La Palabra se hacen más fáciles de aceptar. Pero esto requiere de un trabajo, una dedicación, perseverancia y constancia, atentos a la escucha y la práctica de la caridad cristiana, misma que se enfoca en el amor que lleva al respeto, la tolerancia y la ayuda, misma que se puede cristalizar desde nuestras obras y nuestra oración.

Más allá de ser Pentecostales, Testigos, Adventistas, Católicos o cualesquiera que sea nuestra denominación, ante todo, somos Cristianos, porque confesamos a Cristo como Señor de nuestra vida y su Palabra nos ha sido dada por igual, en donde el mandato del amor debe ser la constante de aceptación. 

Por tanto, no está bien que nos mantengamos en una actitud hostil porque este o aquel cree en esto o aquello, la experiencia de fe trasciende los convencionalismos y se convierte en un sello de vida que nos permite actuar de forma equitativa, desde el amor fraterno, sin importar a qué creencia se pertenezca.

Sea pues este tiempo de Semana Santa, una oportunidad para reflexionar en la necesidad de llevar una vida santa, más allá de nuestras propias convicciones o creencias, más bien con ánimo renovado de reconocer al otro como mi igual, como mi hermano de vida, por su condición de ser humano, más allá de los miramientos de raza, sexo, religión o filiación de pensamiento. Ese sería un buen comienzo para poder construir una sociedad más justa y equitativa. 



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